Cecofar es una Cooperativa encargada de la distribución de productos farmacéuticos y parafarmacéuticos que inicia su andadura en el año 1930 en la ciudad de Sevilla. Una empresa que ha mantenido una larga trayectoria en el sector de la distribución farmacéutica a lo largo de más de 85 años de historia.

Entre los objetivos de esta Cooperativa siempre ha estado el de la expansión territorial. Desde su fundación, y a lo largo de todos estos años, Cecofar ha crecido y aumentado su ámbito de distribución. Así, al almacén de Sevilla le siguieron en años posteriores los de Huelva, Badajoz, Córdoba, Cádiz, Jaén, Ciudad Real, Ceuta, Toledo, Madrid, Málaga, Burgos, A Coruña, Ferrol, Lugo, Ourense, Santiago de Compostela y Campo de Gibraltar. Todo ello lo hemos conseguido sin mermar nuestra función principal que siempre ha sido la distribución de medicamentos y la atención a la farmacia que, desde los distintos departamentos, lleva a cabo un amplio equipo de profesionales.

 
  • Más de 85 años de pasado no significa que nos hallemos anclados en el tiempo, nuestra empresa cuenta con tecnología punta que nos convierte en uno de los almacenes de distribución más avanzados de Europa. A nuestro proceso de automatización y robotización hemos de añadir la incorporación del programa de gestión SAP, un sistema informático de última generación.

    Todo ello, nos permite mejorar, día a día, la eficacia de nuestra labor de suministro y nuestro servicio a los socios de Cecofar que son, en definitiva, nuestra razón de ser.

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  • Cecofar, ha hecho una apuesta muy importante por la integración de todos sus almacenes. Entre las ventajas que aporta esta nueva inversión, encontramos la del control en tiempo real del inventario, así como la velocidad y calidad en la preparación de pedidos.
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  • "... Y nosotros, algunos de los empleados, cogimos un taxi en la Plaza de San Pedro (Sevilla), y allá que nos fuimos camino de la calle Arjona. Parecía un coche de cuadrillas; sólo le faltaba el fundón de los estoques y el esportón de los capotes; por llevar, llevábamos en el taxi hasta el búcaro... Nada más llegar a la calle Arjona y entrar en el número 15, uno de nosotros lo inauguró con un padrenuestro. Un padrenuestro y a trabajar, pues no había para más.

    Comenzábamos una nueva etapa y otra página de la historia. Dejábamos atrás, en Argüelles, un trabajar casi en familia, donde nos conocíamos todos y todo era muy distinto. Pero aún recordamos anécdotas de la casa Argüelles, como lo que pasó aquel día en que los empleados decidimos pintar las mesas porque estaban muy estropeadas... y dicho y hecho. Todas las mesas pasaron por la pintura. El problema fue que la dichosa pintura no se secaba. Y ahí nos tienen ustedes todos sentados en cajones de medicamentos para poder seguir trabajando. La cara de los que entraban en la casa ya se la pueden imaginar. Más extrañas que cuando entró aquel gerente que tuvimos... Un gerente que entró en la casa cuando nos pilló cantando el gori-gori porque se nos había muerto un cigarrón que estábamos criando a base de tomate en una jaulita - imagínense su cara -. Eran cosas que hacíamos para divertirnos y no debe usted contar porqué... ¿qué van a pensar de nosotros quienes las lean?... aunque en cierto modo son cosas curiosas...

    Y cómo nos hacíamos los babys?... el carbonato de magnesia polvo venía en unos sacos blancos muy grandes y, por riguroso orden, al terminarse, nos lo repartíamos. De ahí salían los babys y también unas americanas blancas que, en aquella época, estaban muy de moda. Todo se aprovechaba...

    Aquí, como decimos, todo era como una familia. Una familia con las necesidades que han llevado consigo las distintas épocas. Fíjese si habría necesidades que hasta la comida del gato estaba en el presupuesto...si, si, hasta el gato estaba en el presupuesto de gastos. ¿Cantidad? Dos pesetas para su alimentación. Y algunas veces lo teníamos que llevar al pobrecito a un bar de la esquina para que aprovechara los residuos de las tapas, porque hasta las dos pesetas se necesitaban para otras cosas... por ejemplo, para la luz. Estaba tan escasa que nos pusieron en la casa de Argüelles un grupo electrógeno.

    Ya empezó a variar el panorama cuando nos encontramos con los Isocarros. Íbamos a otra época y el café ya no valía treinta céntimos, ni dos pesetas la comida para el gato... y hablando de los Isocarros recuerdo que cuando nos llegó el primero ninguno de nosotros sabía conducir. Preguntamos a los demás y salió uno que dijo que sí, que el sabía cómo funcionaba aquello. Total, que se montó en el Isocarro y...allá que lo arrancó y se puso a dar vueltas por la Plaza de San Pedro. A cada paso por la puerta del Centro, y entre un montón de ruidos que despedía el cacharro, sólo nos daba tiempo oír un "¡pararme,...pararme, que no sé como se para esto...!". Dando vueltas estuvimos aquel día hasta que el cacharro se paró solo porque se le había acabado la gasolina...

    Una de las cosas que no faltaba ningún año era vestirnos de Reyes Magos para ofrecerles los regalos a nuestros hijos. Claro que un año,... si viera lo que nos pasó un año...

    Nos fuimos con las barbas, las coronas, las túnicas, y todo lo demás, a un cabaret que había en la calle Amor de Dios; sí, donde hoy está el cine Trajano poco más o menos. Aquello tuvo su gracia; como la que tuvo aquel gerente que se empeñó en hacernos puntuales. El que no llegaba a las tres se tenía que volver a su casa y se le descontaba el dinero del sueldo. Resultó que un día toreaba aquí en Sevilla una figura del toreo de aquel tiempo, y uno de los empleados, que tenía sacada la entrada, se entretuvo para llegar después de las tres. De esta forma, lo mandaban a su casa y se podía ir a los toros, pero... resulta que se presenta a las tres y pico de la tarde y se encuentra en la puerta con el gerente. Este empleado pone cara de circunstancia y espera la decisión del gerente de no dejarle entrar para irse tranquilamente a los toros. Pero el gerente se le adelanta con una pregunta y un pase usted. ¿con que dispuesto a ir a ver a Manolete, no? Pues, vamos mejor a trabajar...

    Y así, trabajando y trabajando pasamos los años. Y nos trasladamos con nuestras maletas, paquetes a "El Pino". Pero a pesar de las distintas épocas, aquí seguimos considerándonos como una familia, que ya no pasa tantas necesidades ni tantos apuros como en aquellos años en que se creó. Y ahora, en "El Pino", un padrenuestro y a seguir trabajando..."

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  • Nuestro equipo humano está compuesto por alrededor de 800 empleados y más de 6.000 farmacias quienes han decidido trabajar con nosotros y han depositado su confianza en la cooperativa.
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